¡Salud, Pionero!

Esta semana te traemos la segunda parte del #RelatoPionero Buscando a Kuwat, donde la mida Panit Yae continúa sus andanzas en la ciudad de Kiro. Pero además, como el tiempo corre, queremos aprovechar este email para enseñarte la portada del segundo capítulo de la campaña La Conjura del Renacer, de publicación inminente. Se trata de una obra del ilustrador Jorge Carrero y creemos que refleja estupendamente los sorprendentes peligros a los que los aventureros tendrán que hacer frente durante la misma.

Recordaros también que el evento épico de Conspiraciones en el Viento está en marcha y disponible en la web y concluirá el 29 de Febrero. Una vez terminado, el equipo creativo recopilará los resultados y sus consecuencias podrán comprobarse en la revista Pioneros de Voldor Nº 4, que se publicará poco después.

 

Buscando a Kuwat (II): La antigua maestra

Panit abandonó rápidamente las calles de Kiro y se dirigió a las afueras, hacia el claro que albergaba la institución donde había pasado una buena parte de su vida; la escuela de arcanomantes imperiales. Descendió por una larga cuesta de madera hasta alcanzar el suelo y cruzó durante veinte minutos la sólida carretera, empedrada y bien conservada, que llegaba hasta allí. La escuela estaba formada por varios edificios circulares construidos a nivel de suelo, alrededor de un gran árbol pharamah, del que dependían decenas de plataformas que entrelazaban los pisos más altos de todos ellos. A todo el mundo, sobretodo a los mida que la veían por primera vez, les resultaba extraño que semejante complejo se hubiese construido sobre la tierra en lugar de sobre los árboles como era tradición en su arquitectura. Panit tampoco conocía razón para aquella rareza, aunque sí había oído los rumores sobre lo que había ocurrido con las anteriores escuelas y porqué se había decidido llevarla a las afueras de Kiro.

Cruzó las grandes puertas metálicas y, como tantas veces antaño, repasó con la mirada la hermosa verja plateada que rodeaba todo el complejo. Su altura apenas llegaba a los 15 pies pero cualquiera consciente de las defensas arcanas que la cubrían sabía que eso es lo de menos. Recorrió el perímetro de la plaza en la dirección de las agujas del reloj, pegada al borde, para no molestar a la veintena de alumnos de geomancia que removían la tierra mediante pequeños conjuros en el centro de la misma. Entre ellos destacaba un joven hipótido y Panit creyó distinguir a ver varios felínidos también, todos concentrados en una labor complicada para novatos como ellos.

Entró en el edificio del fondo, aquel con un cartel que decía «Investigación histórica» pero que todos conocían sencillamente como «la biblioteca», aunque que también incluía los despachos de los profesores. En el interior todo le pareció muy vacío y silencioso, sin apenas alumnos o personal, hasta que alcanzó la puerta del despacho de Karnavati Naidu, arcanomante experta y arqueóloga de fama imperial. Tocó la puerta con suavidad y unos segundos después entró.

Kih saeding —dijo mientras realizaba una pequeña reverencia—.¿Tendría unos minutos para una antigua alumna? Mi nombre es Panit Yae.

Kih saeding. Por supuesto. Apenas hay actividad aquí ahora mismo. ¿En qué puedo ayudarte, Panit?

Las desgastadas estanterías al fondo del despacho estaban cubiertas de exóticas reliquias colocadas con desorden pero perfectamente orientadas para poder ser apreciadas desde la puerta. Panit pudo identificar varios cristales de xion tallados provenientes de las Selvas Azules de Zefiria, una máscara Bastarre rota y desgastada, algunos mapas de secciones concretas de Vajra escritos sobre una extraña piel amarillenta y una imponente joya volcánica en forma de salamandra que le resultó especialmente hermosa.

—Necesitaría su ayuda para identificar un pequeño artefacto mágico. Estoy segura de que perteneció a un Señor de las Estrellas —contestó, mientras extraía un pequeño objeto mecánico envuelto en una manta de viaje.

—Vaya, qué hallazgo tan interesante —indicó la profesora tras desenvolver el artefacto y observarlo durante unos segundos—. ¿Dónde lo has encontrado? ¿En alguna expedición a las cercanías de Nuxvoh?

—Unos compañeros y yo se lo arrebatamos a unos esclavistas Bastarre en las inmediaciones de Kymelin. Me temo que no se mucho más —mintió Panit.

—Eso lo convierte en un desafío mayor. Me temo que voy a necesitar varios días para darte una respuesta, ¿te importaría dejármelo durante cinco días? Te prometo que cuando vuelvas seguirá aquí y sabré de qué se trata.

—Está bien—contestó Panit, a quien claramente no le agradaba la idea de tener que pasar tiempo en Kiro.

—No te preocupes—rio—. Aquí nadie se atreverá a robarlo. Créeme.

La profesora sonrió ampliamente y lanzó una mirada a un enorme bulto apoyado contra la pared del despacho, cubierto casi por completo con una tela dorada. A Panit se le erizó el pelaje de la cola. Todos los alumnos habían escuchado las historias sobre el guardián de la profesora Karnavati. Era un enorme constructo de los antiguos Khrysarlion traído de una de sus excavaciones en Vajra, estaba oxidado y sin algunas de sus piezas pero la profesora había logrado reconstruirlo hasta hacerlo operativo de nuevo, una hazaña extraordinaria incluso para alguien de su fama y habilidad. Se movía lenta y pesadamente y aunque ella insistía que era inofensivo y únicamente lo utilizaba para dar espectáculo en las fiestas, Panit era consciente del daño que podía causar solo con dejar caer uno de sus pesados puños. De su interior surgía el leve zumbido de la batería de xion que lo alimentaba.

—¿Puedo preguntarle otra cosa antes de irme? Es algo más personal —susurró Panit, como si tuviese miedo de que alguien la escuchase.

—Claro. ¿de qué se trata?

—Del profesor Jayadi. Su esposa me ha contado lo que le ha ocurrido y no puedo creerlo, pero no me dejan hablar con él. He pensado que, quizás, podría investigar su despacho para buscar algo que le exculpe.

El rostro de la profesora Naidu pasó de la sorpresa inicial a una emoción que Panit no supo determinar con exactitud, algo entre pena y decepción.

—Chica lista —contestó—. Mi apreciado Jayadi es víctima de un gobierno paranoico que confunde crítica con traición y amigo con enemigo, y por eso mismo no encontrarás nada en su despacho ya vacío.

Panit no puedo evitar soltar un chasquido de frustración.

—Sin embargo, hay un lugar donde Jayadi llevaba a cabo sus últimas investigaciones que muy pocos conocíamos —continuó Karnavati—. Quizás tu puedas ir allí y buscar pruebas que demuestren su inocencia. No está lejos de aquí, pero se que los siervos del emperador me espían y yo no puedo acercarme sin delatar el lugar.

—¿De qué lugar se trata?

—Del viejo observatorio de Madahon. Lleva abandonado desde que detuvieron a su director, hace ya muchas semanas.

Panit salió rápidamente de la escuela, atenta a posibles espías, y puso rumbo directo a su próximo objetivo.

 

Esta historia, aunque ya está escrita, solo acaba de comenzar ¿Qué piensas que ocurrirá? Comparte tus ideas en redes sociales con el Hashtag #RelatoPionero